Relatos del Terruño
La ruta 22 fue desde los comienzos de las comunidades, la vía que nos traía o llevaba a la par del tren de pasajeros que hoy es solo recuerdo, será por ello que hablaremos de ruta nacional 22, también por ser esa franja neuquina que al llegar a Zapala nos abre las puertas a las maravillas andinas de la provincia. Esta pasa frente a "La torre" ya que así le llamamos los lugareños que identificamos a la labor petrolera indefectiblemente con las torres metálicas de perforación o los bombeadores que suben y bajan cabeceando como animales mecánicos que picotean el suelo hasta saciarse, aunque en realidad es hasta que conviene mantenerlos funcionando antes de que sigan picoteando en otro yacimiento. Los hidrocarburos son una fiebre de oro negro que produce una ceguera similar a la del oro propiamente dicho y por tal lleva a cometer errores de ceguera.
Del clima diremos que solo a veces no corre viento…dicho en tono de broma tragicómica como para tener una idea el viento siempre a sido un estigma, y el problema mayor de este fenómeno viene a ser lo cargado de polvo y arena de este viento sumado a que en una comunidad abundan los desechos voladores del tipo papel hojas secas, plásticos, etc. Lo que lo convierte en un viento sucio capaz de arruinar cualquier prodigio de esmerada limpieza, además de hacer bajar las temperaturas bruscamente y sin previo aviso de manera que una tarde templada pude convertirse en una calamidad de esas que nos obligan a encerrarnos y no salir por ningún motivo excepto la obligaciones laborales que no se pueden salvar. Hoy ya no es lo que alguna vez fue, en aquellos años pioneros que son para otro capitulo que alguien quiera contar ya que en aquel entonces los días se contaban hora por hora mas de una vez. Siempre encontré gente de mal carácter hasta que llegue a entender que era el clima lo que maltrataba el temperamento de las personas o al menos frustraba la intención de buen ánimo al que se pudiera aspirar.
Estoy en el campamento Uno paseando por el mirador que se encuentra junto al pozo histórico y muy cerca de lo que fue la administración Plaza Huincul de YPF donde alguna vez allá por el 17 afloró el milagro neuquino, desde aquí se contempla la destilería nada menos que la fabrica del combustible que mueve a buena parte del país, el horizonte es muy amplio desde este puesto de avanzada, pienso que quizá nunca alcanzamos a valorar con justicia este prodigio de trabajo y dignidad, mas bien se lo vio como un botín de guerra, guerra de mezquindades y múltiples vicios humanos, aquí en campamento uno se vivieron ritmos febriles, de contratos y compromisos, vi llegar en aquellos tiempos a empresarios que utilizando la ruta 22 subían hasta la administración e irse nuevamente a distintos lugares del país, aclaremos que es el punto mas elevado de las comunidades, es decir que había que subir en auto para luego subir escaleras para recién entonces concretar gestiones. “El lugar mas alto” se podría llamar a la posición mas encumbrada Hay días muy apacibles principalmente en otoño que es cuando llega una especie de bonanza de calma y calidez época de manzanas, uvas y piñones, que vienen a ser esa maravilla natural que nos alegra la existencia.
Hay gente muy macanuda en esta zona conozco algunos que siempre se sintieron bárbaro, trabajaron, formaron su familia, criaron a sus hijos, disfrutan de sus nietos, y se reconocen preponderantemente cutralquenses o plazahuinculences, sin reparar en ningún otro sitio de procedencia. Yo me quedo con esa gente por lo demás que vamos a encontrar sino de aquellos argentinos que nunca están conformes y siempre tienen un lugar mucho mejor para vivir y soñar, desdeñando su residencia en este lugar, mientras que como decía un vecino en la primer pueblada, acerca de nuestra forma de pensar, “siempre tenemos en mente otro lugar para vivir en un futuro cercano y probablemente el próximo lugar sea el cementerio local” y así se nos va la vida.
Aquí existió la argentina profunda como suele decirse, allá por los años treinta, con esa inmensidad de tierras inhóspitas para el forastero que inevitablemente desprecio en la primer hora en casi todos los casos, anecdóticamente siempre se recuerdan las expresiones de los recién llegados, muchas veces de la pampa húmeda esa que brinda esperanza ya desde el verde, en cambio por acá la gente sentía casi el deber de irse lo antes posible, las vivencias de muchos de ellos indican que con el correr de los años no lograban entender como era que se habían afianzado tanto que ya no reconocían otro lugar de residencia, es que si bien no estaban las verdes praderas del color esperanza abundaba aquel prodigio del trabajo y el cobijo.
Primero pozo numero uno, luego durante la mayor parte del tiempo “campamento uno” que comprendía la residencia de la administración Plaza Huincul; un “enclave del estado nacional argentino” esto quiere decir Viviendas de la primera plana a lo largo de la avenida de acceso en ascenso para llegar y en descenso para volver. Allí no hubo improvisación, se construyeron viviendas, oficinas los edificios de logística comunal, Tales como El club social cuyos salones y recepciones se encontraban a la par de los mejores del país, un cine, la proveeduría que es así como se conocía al almacén oficial que abastecía de alimentos y provisiones al personal, una escuela primaria, una radio para las comunicaciones a cualquier lugar del país y hasta del mundo luego vino una pileta olímpica techada y climatizada, un verdadero lujo para la provincia misma, las calles se asfaltaron así como todos los accesos que comunicaban los intereses de la administración. Allí en el bajo mirando hacia la ruta se instalo la destilería encargada de producir nafta gas-oil y kerosene principalmente para abastecer la región cordillerana y del alto valle de Río Negro y Neuquén, un parque recreativo único en estas latitudes, gamelas, comedores barrios para obreros, un hospital como pocos dotado como los mejores del país (hospital YPF) una verdadera fabrica de salud y bienestar, debo recordar que esto fue una realidad allá por el 1950, mediados del siglo XX, en un territorio inhóspito de américa del sur, pocos deseaban llegar a vivir por estos lugares, éramos considerados “gente rudimentaria” de una tierra casi sin ley, no obstante casa por casa se irían tejiendo con honor, bravura y sin que falten desventuras un destino como tantos otros.